... Montsonís
Adentrarse por las calles adoquinadas de Montsonís es sumergirse en un mundo donde la realidad cotidiana no tiene lugar. Es un salto en el tiempo, un agujero negro bien conservado que busca en el pasado su filosofía de vida. Y prueba de ello es su castillo, una fortaleza construida en el año 1024 pero que todavía conserva ese aroma a historia viva que sus propietarios se han encargado de guardar en forma de pequeños detalles de época. Detalles que pasarían desapercibidos de no ser por las visitas guiadas que se organizan. Itinerarios que no sólo buscan recordar su historia, sino también conocer o, al menos, intuir cuál era el día a día en el castillo, cuáles eran sus costumbres, oficios, deberes y vestidos de época.
Elementos básicos a destacar de esta fortificación medieval si el amor no os nubla la cabeza: la magnífica fachada exterior, presidida por la torre de homenaje; el oratorio privado; la cocina; los bancos galanteadores; el horno de pan; la prisión; la bodega; la habitación reservada a los peregrinos; la sala de armas; la sala de los escudos, y el resto de salas en donde se exponen tapices y recuerdos de otras épocas.